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Indigena Wayuu, Maicao - La Guajira, Colombia

LA ARTESANA CREADORA DE LA EDUCACION EN IPAPÜLE
Han concurrido tantas primaveras aquí, desde que aquella tejedora extendió en el azuloso tul de Ipapüle, un hermoso tapiz hecho de materiales únicos, el cual prevalece hasta hoy como autentica joya entre las riquezas de arte verdadero, en nuestro patrimonial  terruño.
Doña Clara González del clan juusayuu,  no sabía leer, no sabía escribir, en cambio podía perfectamente leer  y escribir el mañana desde su manojo de hilos, cuando diseño y comenzó a tejer educación en el territorio donde fue la máxima lideresa.
Ella, era una artista en el arte de tejer y crear diseños, artista en el telar wayuu, era artesana como expresión máxima  de creatividad, destreza y belleza en la mujer wayuu.
Hilaba algodón,  devanaba el hilo con destreza y habilidad admirable en su provincia. En su taller de arte tradicional  dirigía manufactura de chinchorros tejidos con arte propio, süi kayülainsü, süi patüwashi, jama ‘a hamacas paleteadas,  en piezas de estilo artístico único, diseñados en una técnica de finura y delicadeza  absoluta.
Esta dama solía vestir únicamente con el atuendo típico de la mujer wayuu, wayuushe’ilusü weinshi, vestía con mantas muy elegantes. Debajo de su mantas usaba el tradicional wüsi (ropa interior femenina) con su sirapü, esta es una usual prenda de la mujer del pueblo wayuu, usada para cubrir la silueta femenina, que consiste en una pieza paleteada, de colores vivos, que se sostiene con un cinturón hecho con múltiples piedras diminutas (shakiras), que hacen varios dobleces alrededor de la cintura, y sirven para moldear la cintura de la adolescente y conservar la figura de mujer adulta.
Por los polvorientos caminos de Ipapüle, transitaban muchos contrabandistas que venían de puerto López y puerto estrella, los cuales llevaban hermosas telas extranjeras que traían por los puertos de las islas de las Antillas holandesas y eran recibidos en los puertos de la Alta Guajira para ser llevados hasta Riohacha, Uribia, y estos, circulaban por Ipapure y ella les compraba artículos para lucirlos con alto estilo.
Era fina dama que se deleitaba del aroma de un buen perfume, los cuales compraba en Maracaibo – Venezuela. Continuamente se adornaba de hermosas joyas de oro wayuu como es hasta hoy, la tradición de la mujer wayuu de clan y linaje distinguido.
Sus calzados era el tradicional ko’usu atuluushi (alpargatas) los cuales usaba en casa, kamosoola, zapatos de borlas los cuales calzaba para salir a la ciudad.
Era afable, cordial, efusiva y expresiva. Muy amable en su casa a todos recibía con una familiaridad sorprendente. Era visitada por muchos militares de alto rango amigos de ella,  y muchos alijunas de apellidos distinguidos, como los Abuchaibe, de Riohacha o los Prieto de Venezuela entre otros. Hablaba perfecto Español, idioma que había aprendido de sus tías en Venezuela, la frecuentaban  también muchos wayuu distinguidos y otros un tanto menos, pero era amiga de todos, amable con conocidos y desconocidos.
En la casa JUUSAYUU de Ipapüle habían varios siervos; a su servicio tenía a RAWEEKA, KOROLINA, NEESÜ, PERANZA, quienes eran las encargadas de cuidar a sus niños, atender la cocina y demás quehaceres, KASERÜMA se dedicaban al cuidado de las mulas, caballos y oficios para hombres en esta casa. CHANTIRA dirigía el pastoreo de los animales de su corral, cuando Doña clara viajaba acostumbraba a llevar a alguno de sus criados pero quien más salía con ella era KASERUMA, todos sus criados la respetaban, la estimaban y todos la llamaban “abuela”.
Mujer diligente de baja estatura, y ondulados cabellos azabaches, amable pero también  de carácter firme.
Doña Clara estuvo casada por ley wayuu, con Don Abraham Salas, alijuna (persona no wayuu), comerciante de la provincia Guajira que frecuentaba la zona de Ipapüle y sus alrededores, comercializando productos que llevaba desde el sur del Departamento de La Guajira, así se conocieron, se casaron y pronto enviudó; Sus hijos eran muy niños, pero fue diligente en su educación, cuando tenían edad para salir de Ipapure estudiaron en la provincia Guajira, en Riohacha, Barranquilla y Medellín, con su gestión de traer productos de Venezuela para venderlos en Ipapüle, (aquí solo circulaba el Bolívar, moneda Venezolana) con las ganancias de sus animales y por supuesto las ganancias de su taller de arte tradicional.
A Ipapüle solían llegar historiadores, antropólogos, fotógrafos, funcionarios del Ministerio de Educación Nacional, y era ella misma quien los atendía, era ella quien conducía a los mismos a los lugares que estos necesitaban para sus lentes e investigaciones, era ella quien se sentaba y relataba las historias y hablaba de las riquezas literarias de Ipapüle y del pueblo wayuu.
Gozaba del reconocimiento de todos  los nativos, tenía respetados hombres de su clan que la respaldaban en todo, sus hermanos eran reconocidos guerreros y ella era el equilibrio de su clan, pues apaciguaba la rudeza de estos  con una suavidad y simpatía especial, a la que debe acudir la mujer wayuu inteligentemente, para calmar cualquier conflicto en su clan. Sus decisiones eran pacificas absolutamente, hablaba en  tono alto con el que mostraba su autoridad. Su clan respetaba sus decisiones, las cuales fueron muy sabias, sus hermanos decían “Lo que diga Clara”.
Señora De tez clara, grandes y vivos ojos, piel muy limpia, demasiado pulcra, solo degustaba carne de cordero, pescados, langosta, camaron y comida típica de los wayuu, especialmente granos como SHAPÜLANA.
Instruía a todos sus hijos, nietos y sobrinos (hijos que su esposo tuvo con su propia hermana, los cuales apoderaba cuando esta murió), que debían pedir la bendición a sus mayores al acostarse y al levantarse y si estos lo llegasen a olvidar quejosa decía “se levantaron bravos, se han olvidado del Señor”, cuando estos le expresaban “Bendición madre” llena de felicidad decía “Dios te bendiga hijo”. Amorosa con sus hijos y sobrinos, cálida  con sus nueras, cuidaba de sus niños y sobrinos con un afán incansable, pero muy justa en su disciplina.
Respetuosa de las tradiciones y expresiones wayuu, solo lavaba sus azabaches crespos, con sujü ji’ichi, (Guamacho, cactáceo de hojas definidas, propio de zonas semidesérticas) lo usaba para lavarse el cabello, champú este que también en sus días mayores enjuagó sus plateados crespos.  
Con admiración cotidiana hablaba a sus hijos, nietos y a todos, del cuidado especial a su territorio. Cuando sus años ascendían y sus fuerzas menguaban, suspiraba mirando su hogar y llorosa encargaba a Dalia su nuera, “nunca dejes mi casa, cuando yo no esté aquí, nunca sientas miedo de mis fantasmas, nunca alejes a mis nietos de mi casa”. Así fue, hasta hoy han crecido más de tres generaciones en la casa del frente de la escuela,  la orden de Doña Clara sagradamente se ha cumplido.
Si usted viera Doña Clara, cuanto ha crecido su obra, la escuela del frente de su casa,  si usted  viera Doña Clara, como su esfuerzo y su tesón continúan vivos, su esencia de lideresa única ha sido nuestro ejemplo de fuerza de mujer wayuu, ha sido nuestro ejemplo de madre, nuestro ejemplo de maestra de arte, tal cual fue usted.
Sabemos Doña Clara, que en aquellos años vuestros, compilasteis muchos sábados, muchos domingos y hasta muchos  lunes de la escuela del frente de vuestra casa. En vuestros años conocisteis muchos diciembres en que los niños no estaban en la escuela del frente de vuestra casa, y  uno a uno os recordasteis con la sonrisa que provocan los recuerdos gratos, y así… con vuestra aguja mágica bordasteis en puntadas nuevas, el hoy de la escuela del frente de vuestra casa. ¡¡ MUCHAS GRACIAS  DOÑA CLARA!!
RECONOCIMIENTO POSTUMO A LA ARTESANA CREADORA DE LA EDUCACION  EN IPAPÜLE. 

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