“LA LEYENDA DE WALEKER”
LA DEIDAD DE LOS TEJIDOS WAYUU
Versión
sobre el origen de los tejidos en el pueblo Wayuu
Cuentan los viejos Wayuu, que un
día de primavera cuando los pájaros cantaron de alegría anunciando las primeras
lluvias; cuando los suspiros florecieron y se llenaron de perfume los caminos,
un joven salió de cacería por los montes del ISASHII, donde sólo impera la
soledad y el miedo:
Aquel joven era un cazador
valiente, como esos que llevan, en el pulso la prueba de su valor y en el
cuerpo las huellas de sus heridas.
Dicen los ancianos que, cuando
aquel joven nació, una estrella se desprendió del cielo e iluminó la noche. Y
los augures vaticinaron al recién nacido grandes sorpresas en su vida.
Aquella mañana el cazador habíase
adentrado lo bastante en el interior del monte cuando oyó de pronto, una
vocecita suave que parecía brindar por los ramajes.
Al principio creyó que se trataba
de un simple crujir de ramas a merced del viento. Y prosiguió su marcha.
Al rato, volvió a oír una risita
entrecortada como la de un chiquilín a quien le hicieran cosquillas. Creyó el
cazador que se trataba de un pajarito oculto entre las hojas. Y sin hacer caso
reanudó su marcha.
Al dar un paso más, volvió a
sentir la tierna vocecita. Esta vez, aguzó el oído, contuvo la respiración,
acomodó la flecha sobre el arco y esperó que se repitiera el extraño rumor.
Muchas cosas pensó el joven en
aquel instante: creyó que fuese una serpiente cazadora imitando las voces de su
presa: creyó que fuesen las ramas del boscaje rozándose entre sí. Y hasta pensó
que fuese un WANULUU en forma de pájaro que trataba de asustarlo.
Una mezcla de temor y curiosidad
se apoderó del joven, quien bajo el temple de su coraje y la agudeza de sus
sentidos avanzó poco a poco hacia el punto de donde salía la voz.
Cuál no sería su sorpresa, al ver
una niñita echada en el suelo jugando con las hormigas.
Aquella niña fea, barrigona y
sucia, se entretenía haciendo puentecitos por donde iban y venían las inquietas
hormiguitas. Se reía a carcajadas cuando
las veía saludarse con toda cortesía por los caminitos que trillaban. Otras
veces, con una ramita les hacía agujeritos en el suelo por donde entraban y
salían en ordenado afán. Y así, le repartía sabandijas y miguitas de PÜLAA que
ellas acarreaban a sus cuevas.
Aquella criatura despertó tanta
curiosidad en el joven, que este acercándose sigilosamente a ella por entre las
matas, quiso asustarla. Pero la niñita al verlo no dio signos de mayor
sorpresa.
-Qué hacéis aquí, niña?
-No veis que estoy jugando con mis
amigas. –Respondió. El joven, entonces la abrumó de preguntas.
-¿De dónde sois? ¿Con quién habéis
venido a estos parajes? ¿Quienes son vuestros padres? ¿Estáis extraviada?
La niña no hizo caso y siguió
jugando con sus amiguitas.
Ella decía:
-Siempre WOKOLOONAT, nunca trae
nada. Mientras las demás trabajan ella se queda en su galería haciéndose la
tonta.
Esto era refiriéndose a una
hormiguita cabezona que era muy perezosa.
El joven, sorprendido ante aquello
que veía, creyó que estaba en un PULOÜI de extraños maleficios. Más, cuando
trató de huir la niñita le dijo:
-No temáis, señor, que mis
amiguitas no os harán daño, ellas son muy bondadosas y tan pronto caliente el
sol se irán a sus casitas.
El joven, respondió:
-No sé quién sois. Tan pronto creo
que sois una criatura de verdad, como un WANULUU en forma humana.
-No, no soy WANULUU; soy tan
humana como vos, y prueba de ello es que, si dudáis de mí, llevadme y dejadme
donde os mejor parezca. Yo soy triste huérfana que no tengo familia.
Mi madrecita la devoró un KALAIRA
y mis hermanitas perecieron todas. Yo siento el temor de la soledad porque
nadie se conduele de mí. Estas, mis amigas me acompañan en el día, mientras que
en las noches, el frío aliento de los bosques llenan de lágrimas mis ojos.
A la niña, se le agolparon las
penas, y haciendo una mueca en el semblante prorrumpió a llorar amargamente, a
la vez que restregaba su rostro con el sordo de sus manitas sucias.
El joven, del estupor pasó a la
compasión, y después de oír las palabras de aquella deforme criatura un beso de
ternura estampó en su corazón. Había encontrado una florecita, antes hija de
azar, ahora hija de su alma. Y con tierna caricia de buen padre la consoló en
el acto.
El joven tomó de la mano, la
levantó del suelo y la llevó consigo a su vivienda.
Aquel joven tenía unas hermanas
orgullosas que jamás conocieron la ternura, nacidas tal vez, para nunca conocer
la felicidad de madre; vientres estériles donde nunca cuajaron los frutos del
amor; manos frías que no conocieron las caricias.
Cuando vieron a su hermano
trayendo en sus brazos a una criatura repugnante dijeron:
-Esto es el colmo! Dónde habrá
encontrado nuestro hermano semejante monstruosidad. De seguro que ese engendro
de fealdad nos lo ha traído para asustarnos. Merece que se la destirpemos en su
cabeza –dijo otra.
Y comenzaron a reírse haciéndole
el ridículo a su hermano al verlo tan solicito con aquella criatura chata,
cabezona, de ojos pelones, patoja, ventruda, lagañosa y fétida.
Cuando el joven llegó, les dijo:
-Hermana, os traigo esta niña para
que cuidéis de ella, le prodiguéis los cuidados que merecen a su edad. Y la
consideréis como una hermanita más, como una sobrina, como una hija. Recordad
nuestra infancia desvalida y sin amor, después de haber perdido a nuestra
madre. Crecimos como crecen las plantitas que no se dejan ahogar entre tupidos
bruscales y malezas. Un tanto es ella, criatura endeble que puede traernos
gozos o desdichas; pero que siempre nos recuerda lo bien que nuestros padres
pudieron hacer de nuestras vidas.
Ellas escondiendo sus malvadas
intenciones, simularon acatar las palabras de su hermano.
El joven dispensaba a la niñita
los mayores cuidados: La bañaba, la peinaba, le daba de beber en su totuma, la
acostaba en su chinchorro, la mecía y la dormía.
En los ratos de ocio, la consentía
en todos sus antojos; la cargaba entre sus brazos, le plasmaba muñequitos de
cera y de barro para que jugara, la arrullaba con canciones imprecisas, la
acariciaba y le refería cuentos de un paraíso de sueños.
Jamás permitía que un asomo de
tristeza afligiera su tierno corazón. Aquel joven era como un padre afectuoso,
quien puso a la niñita el nombre de WOKOLOONAT en recuerdo de su amiga la
hormiguita perezosa.
IRUNUU (Estrella que cae), se
llamaba el joven, así lo pusieron los augures por haber nacido la noche en que
una estrella se desprendió del cielo.
IRUNUU era el único varón, era el
sostén de la casa, vivía con sus tres hermanas a quienes cuidaba y defendía.
Una mañana IRUNUU se levantó
temprano, se caló su JAPUKIITU’U (Muñequera), llenó de agua su tapara, tomó sus
armas, y llamó a sus hermanas.
-Hermanas, hoy tengo que
ausentarme todo el día, voy a remontarme lo bastante en el corazón del bosque,
para ventear un venado que ayer se me escapó, regresaré por la tardecita si
tengo suerte.
-Aquí os dejo la niña a vuestro
cuidado; procurad que no llore ni pase hambre; bañadla y mantenedla limpia;
procurad que no sienta tristeza ni desgano.
-Así lo haremos, hermano
–Respondieron ellas.
Aquella mañana IRUNUU se fue de
cacería antes que la aurora se desparramara sobre los montes.
Tras la ausencia de IRUNUU
sobrevinieron las amarguras de WOKOLOONAT.
Las malvadas mujeres comenzaron a
hostilizarla de palabras y de trato. Aquella mañana la hicieron levantar a
sacudiones de chinchorro. Le espetaron en la cara sus defectos, su origen, su
horrible condición. La hicieron presa de sus mofas, le dieron la hiel de sus
palabras y la insultaron de mil modos.
El chinchorro de IRUNUU donde
dormía la niña, lo despedazaron a jirones y lo quemaron; la totuma donde antes
bebía, la rompieron y la botaron; todo por el asco que le tenían a la pobre
niña.
La amenaza y el maltrato se
siguieron de cerca.
Si lloraba; la obligaban a que
callase, si no callaba; blandían el mandador para azotarla. De suerte que, la
pobre criatura estaba a merced de aquellas energúmenas peor que las fieras de
la selva.
Aquel día le dieron de comer las
sobras en una concha de icotea. Pasó la tarde, vino la noche; pero su protector
no llegaba de sus largas incursiones.
Aquella noche WOKOLOONAT la
hicieron dormir en las cenizas del fogón. Con los perros, con las pulgas, en el
frío de la noche. Al día siguiente, llegó IRUNUU con un venado a cuesta, y las
hermanas muy contentas salieron a recibirlo.
Al dejar la presa, preguntó:
-¿Dónde está WOKOLOONAT?
-Jugando con las hormigas,
-Respondieron ellas.
La niña, al oír la voz de su amado
protector corrió hacia él, y llena de gozo se lanzó en sus brazos.
-Hija mía! –Exclamó
La niña enternecida se deshizo en
llanto. . . Con sus lágrimas quiso lanzar una protesta y una acusación, porque
no sabía defenderse de otro modo. IRUNUU comprendió su arrebato pero no supo
las razones que la impulsaban.
Del monte trájole un Kalumet de
piedra y una flor de KANASPI que puso en su muñeca.
Luego dirigiéndose a sus hermanas
que lo miraban con desdén, les dijo:
-Hermanas, os hago un reproche. No
cuidasteis de la niña como yo encomendé.
Sucia, llorosa y hambrienta la encuentro.
¿Qué habéis hecho de mi niña? ¿Dónde está vuestro cariño, vuestro afecto
de mujeres compasivas?
-Hermano, cumplimos todo cuanto
nos dijisteis pero esa niña es descuidada, Sólo gusta revolcarse en el suelo y
jugar con arena y con hormigas. Ayer rompió vuestra IITA con sus pies y de
rabia no comió. Anoche ensució vuestro chinchorro de excrementos y a escondidas
lo quemó. Cuando nos levantamos, la encontramos durmiendo en las cenizas; la
bañamos en el acto, le cambiamos el traje, y después se revolcó en la arena
mofándose de nosotras. Volvemos a deciros, que es incorregible.
IRUNUU, aceptando las razones de
sus hermanas volvíose a WOKOLOONAT, y con gesto cariñoso le dijo:
-Hija mía, ¿Por qué lo habéis
hecho? Portaos bien con vuestras tías.
WOKOLOONAT no sabía que decir, se
le atoró la voz en la garganta y su corazoncito se nubló de llanto y de
lágrimas se inundaron sus ojitos.
Al otro día, el joven se fue como
de costumbre a sus lejanas cacerías; no sin antes haber encomendado a sus
hermanas el cuidado de WOKOLOONAT.
Tan pronto se alejó IRUNUU, las
malvadas mujeres descargaron sobre la niña sus peores crueldades. Jugaron con
ella, como juega una fiera con su víctima indefensa. Le hicieron mil maldades:
Le pincharon las manitas con punzones encendidos, le hicieron oler sus
excrementos; con un cordel atado a los pies la levantaron en peso hasta la
altura de la enramada para que se balanceara de cabeza y vomitara.
Aquellas mujeres despiadadas reían
haciendo sufrir a la niña.
Cuando le suspendieron el suplicio
tenía los pies hinchados y lloraba amargamente.
Aquel día no le dieron comida sino
huesos para que royera, y el lavado de las ollas para que bebiera.
Cuando llegó la noche la hicieron
acostar en una choza alejada del resto de la vivienda, para que WANULUU le
oprimiera la garganta y los duendes de la noche se la llevaran.
Cuando la niña quedó sola, recordó
a su amado protector. Sus gestos, su bondad, su dulzura de padre; siguió con el
pensamiento todos sus pasos; evocó su triste condición de no tener un
chinchorro en que dormir, ni manta que vestir ni faja que lucir.
Ella conversaba consigo misma. Las
mujeres dormían. Al verse sola, WOKOLOONAT cambió su forma de niña fea; y se
convirtió en una doncella hermosísima que iluminó la noche con el fulgor de sus
ojos.
Su belleza era incomparable, ya no
era la niña repugnante que infundía miedo; sino la MAJAYUT de mágicos embrujos.
Solo la noche conocía el secreto de aquella transformación, de aquella flor
salvaje que nació bajo sus sombras por obra de un prodigio.
Las mariposas; porque así lo
aprendió de ATTIA, la que tejió el arco iris sobre los cielos y el cinturón de
KA’I sobre la aurora La muchacha, imponente y hermosa se levantó y miró a su
alrededor como quien teme ser vista al desnudarse; pero todo estaba tranquilo,
nada se movía. . . el silencio dominaba la noche.
La doncella llevóse los dedos a la
boca y sacó del cerco de sus dientes un hilo tan fino y centelleante que
parecía una hebra de luz. Con aquel hilo trazó la vaporosa urdimbre y con hábiles manos comenzó a
enhebrar las tramas de su tejido.
WOKOLOONAT sacaba de su saliva los
hilos con que tejía. De sus labios húmedos brotaron madejas policromas que fue
combinando con exquisita delicadeza.
WOKOLOONAT era una hábil tejedora
hasta entonces desconocida. Para ella no había secretos en el arte de tejer,
porque todos los conocía. Sabía combinar los colores maravillosos con que se
visten. Sabia imitar los matices de las flores; porque así se lo enseñó
KANASPI. Sabia tejer encajes primorosos como los que teje el mar con sus
espumas.
Tal era el prodigio de WOKOLOONAT,
que ahora tejía un chinchorro para IRUNUU.
La muchacha terminó su obra en la
madrugada antes que los animales despertaran y el lucero matinal se levantara.
Había tejido un chinchorro de
bellísimos colores que semejaban el plumaje de los WA´AMAYA. Rápidamente lo
dobló y lo tendió afuera sobre un horcón de la enramada, donde las malvadas
mujeres roncaban su pesado sueño.
En el tiempo que demora un
pestañar de ojos, el prodigio de la beldad se diluyó en las sombras y la
doncella volvió a su primitiva forma de niña repulsiva y fea.
El día amaneció radiante, pero a
medida que avanzaba se tornaba pesado y bochornoso.
Las mujeres sorprendidas de ver
aquel tejido tan extraño, on visos de serpientes enrolladas, no se atrevieron
tocarlo por temor que fuese un WANULUU. Pero la curiosidad venció el temor.
Examinaron la asimetría del
tejido, la disposición de los hilos, sus colores, su hechura, su dimensión
exacta. Todo era perfecto, no había duda, aquella preciosidad era obra de una
hábil tejedora, y no de malos espíritus como creyeron antes.
Pensaron que fuese de algún
caminante nocturno que de paso la dejó olvidada.
Buscaron huella en los senderos,
pero nada vieron.
Fueron a la pieza donde dormía WOKOLOONAT para ver si el WANE’ETUUNAY el
destripador de niños la había cambiado por aquel chinchorro. Pero la
encontraron dormida todavía.
Ninguna suposición les aclaro el
enigma.
Aquel día llego IRUNUU con varios
conejos y perdices colgados de la cintura.
Después de entregar a sus hermanas
la humilde presa, llamó a WOKOLOONAT.
La acarició como de costumbre;
pero esta vez a más de la mugre que le cubría y la hacía heder el cuerpo, notó
que había enflaquecido que sus pies estaban hinchados y sus manitas avejigadas.
Sorprendido preguntó a sus
hermanas con dureza:
-¿A qué viene que mi niña tenga
los pies hinchados, las manos avejigadas y el cuerpo enflaquecido? ¿No la
bañasteis, no le diste de comer? ¿La habéis torturado acaso? Piojosa,
enflaquecida, mugrienta, la encuentro, como siempre
Ellas para atenuar el tono de las
preguntas respondieron:
-La cuidamos con esmero, hermano.
Ayer mientras fuimos a buscar la leña, la picaron los ciempiés; por eso tiene
los pies hinchados, jugando tropezó con las topias del fogón y se quemó con las
brasas encendidas; por eso tiene las manos avejigadas. La veis flaca porque detesta
la comida; solo gusta roer huesos y lamer el fondo de los calderos. Limpiamos
su cabeza de piojos y de liendres y luego la bañamos. Pero después sin darnos
cuenta, comenzó a jugar con excrementos.
IRUNUU convencido ante aquellas
mentiras bien tramadas se entristeció; al pensar que su niña era
irremediablemente boba. La niña volvió a llorar sus amarguras y se fue a
consolar con las hormigas.
Complacidas las malvadas por la
buena aceptación de sus mentiras, dijeron a IRUNUU, mostrando la joya
aparecida:
-Hermano ayer tejimos para vos
este chinchorro, como prueba del afecto que os tenemos. Toda la noche
trabajamos para tenerlo listo y podáis descansar en el, después de vuestras
largas caminatas.
Así hablaron las impostoras
haciendo creer que ellas habían tejido el chinchorro.
IRUNUU, admirado ante aquel regalo
sorpresivo, alabó el talento de sus hermanas, la firmeza de sus manos, el buen
gusto de su arte, y sobre todo el desprendimiento de tan bella prenda.
El joven tomó el presente y para
que no se ajara, lo guardó en su capotera; para usarlo en momentos oportunos.
De un viaje, de una fiesta, de un encuentro.
Aquella misma tarde, el joven
incansable se fue de cacería después de encomendar a sus hermanas la suerte de
WOKOLOONAT.
Cuando ya la noche se acercaba,
las perversas mujeres se dijeron:
-No se nos tranquilizará el ánimo
hasta no ver con nuestros ojos quien hizo ese chinchorro, quien lo trajo y cómo
vino. Esta noche velaremos juntas.
-Yo mascaré MANIIA para no dormir
–dijo una,
-Yo utilizaré un punzón bien
caliente, para pinchar la que se duerma
–dijo otra.
-Yo atizaré el fuego para darnos
lumbre –dijo la tercera.
-No repuso la que primero habló.
-La lumbre ahuyentará las cosas y
no podremos ver nada a sus reflejos. Es preciso estar en silencio y en completa
oscuridad.
WOKOLOONAT oía con aflicción el
comentario de las malvadas, quienes tramaban un plan para sorprenderla aquella
noche.
Ellas no sabían que WOKOLOONAT se
transformaba en doncella para tejer, ni siquiera remotamente lo pensaban.
Pero aquella niña grotesca,
horriblemente repulsiva tenía necesariamente que transformarse todas las noches
para elaborar tos tejidos que sabía.
Cuando las formas de las cosas
desaparecieron en las sombras, las mujeres se juntaron a velar. A WOKOLOONAT la
mandaron a dormir temprano.
La noche avanzaba, el momento de
transformarse en doncella se acercaba.
Las mujeres echadas en el suelo
permanecían despiertas; de pronto dijeron en voz baja para que no las oyera
YOLUJAA:
-Colguemos el chinchorro cuyo
misterio queremos descubrir, para darnos unas mecidas en el, y disfrutar de su
dulce tentación, Cuando las tres mujeres se acostaron, un profundo sopor las
envolvió y quedaron como muertas en el acto.
Aquel chinchorro maravilloso tenia
la virtud de los sueños enervantes. El que se acostara en el durante el día, se
tornaba vicioso y holgazán; el que lo hacía en la noche, dormía profundamente
un sueño letífero como el que duermen los muertos en sus huecos.
El sueño venenoso de aquel
chinchorro solo duraba hasta el amanecer, porque en el día debilitaba las
fuerzas y mataba el ánimo.
Aquella noche la doncella llamada
WALEKER, imitó los colores conque los genios tejieron los paisajes. Los mantos
que tejen los inviernos sobre las llanuras; las enredaderas que se entretejen
sobre los árboles; el pabellón de las neblinas que cubren la cuesta azul de los
montes; las blancuras de las nubes que afloran en la lontananza y la armonía de
los crepúsculos vespertinos.
Aquella gama de colores
maravillosos los combinó la doncella en una noche, para dar variedad a sus
tejidos.
Hizo una manta color de cielo on
encajes de filigrana (AANALAA). Una ruana de felpa. Un SHE’E enlistado de
tintes espectrales. Una faja ancha de KANASÜ de diferentes tonos y decorada con
líneas zigzagueantes (SI’IRA). Un amplio cinturón de figuras geométricas
armoniosamente acabadas en borlas multicolores. (ATULUUSHI SUMAA SALIUU) Un
lienzo satinado llamado AICHEE (guayuco). Una bolsita rojinegra terminada en
borla unicolor para usarla como bolsillo en la parte lateral del muslo (WOLU).
Un pañolón, un gorro a manera de bonete con topes de MOLONO. Un TOLOOMA
profuso.
Así tejió la doncella toda la
indumentaria de IRUNUU sin que sus espías, las malvadas se dieran cuenta.
Al llegar la madrugada, colocó sus
tejidos donde siempre y volvió a tomar su apariencia de niña fea.
A la mañana siguiente, cuando las
mujeres despertaron de su profundo sueño, no podían contener su asombro ante
las maravillas que veían. No sabían si estaban soñando todavía, o aquella obra
de encantamiento era una tentación maligna. Pero lo cierto fue que aceptaron
con beneplácito aquellas prendas de vestir.
Ellas decían:
-No podemos saber cómo pudo
ocurrir todo esto sin darnos cuenta. Todo fue culpa del sueño que nubló
nuestros ojos Pero no importa, la próxima noche volveremos a velar para
descubrir el misterio. Siempre diremos a nuestro hermano que todas estas
prendas las tejimos para él, y se llenará de gozo.
Examinaban las piezas, mientras
iban relatando los sueños desconcertantes que habían tenido.
-Soñé que había ido a JEPIRA,
caminando sobre una vara tendida a través del mar agitado. Cuando llegué, los
espíritus reconocieron en mi olor que yo había profanado sus dominios sin antes
haber pasado por la muerte; luego me encerraron en una cueva para que no
envenenara con mi hedor los antros del JEPIRA.
La otra dijo:
-Soné que estaba en medio de un rebaño
de animales flacos que pastaban su miseria sobre un campo yermo. Luego sentí
sed, y para no morir bebí la sangre de aquellos animales.
-Yo, -dijo la tercera- volaba en las tinieblas
cuando una luz me encegueció los ojos.
-¿Qué significa nuestros sueños?
-Prosperidad! Larga vida!
–Prorrumpieron ellas
Prontamente hicieron levantar a
WOKOLOONAT para que fuera a bañarse en los pozones antes que llegara IRUNUU.
Otro motivo para sus juegos
inocentes fue el agua de las lluvias retenida en los caminos encharcada en los
pozones.
WOKOLOONAT, con cualquier cosa se
entretenía.
Las charcas, las aguas empozadas
también le brindaban otro mundo de constante diversión: colémbolos, gusarapos,
libélulas, renacuajos, etc.
La extensión de arriba se
reflejaba en fondo de las aguas como un
abismo azulado; como un pedazo de cielo en el fondo de un espejo.
El contorno de las nubes y los
arbolitos de la orilla miraban su silueta en aquel espejo de linfas
cristalinas.
Para WOKOLOONAT no había más realidad que las fantasías que se
dibujaban a sus ojos.
Apostada en la orilla no atrevía a
mirarse en el agua, por temor a caer en aquel abismo sin fondo que tenia ante
sus ojos a pesar que la hondura de aquel charco no pasaba del tobillo.
Comenzó a lanzar piedrecitas para
romper la tranquila superficie y extasiarse en la contemplación de sus ondas
circulares, que después de agrandarse más y más volvían a morir en el reposo.
Así distraída, la encontró IRUNUU.
-¿Qué hacéis aquí mi niñita cara
sucia? ¿Por qué habéis venido a jugar tan lejos de nuestra casa?
La niña no respondió. Sólo inclinó
su cabecita y comenzó a jugar con las hierbas así como juegan los insectos con
las briznas.
Seguidamente la bañó, y limpia la
llevó consigo de regreso al rancho.
Llegado que hubo fue recibido por
sus tres hermanas.
Al verlo se pusieron muy contentas
y dijeron:
-He aquí la nueva indumentaria que
tejimos para vos, hermano son trajes que merece lucir un hombre rico. He aquí
vuestra manta color de añil, la cobija, la ruana, el SHE’E, el AICHEE, el
cinturón, el bonete, el TOLOOMA y demás cosas. Sois el hombre más afortunado de
cuantos hay; por tener hermanas laboriosas. Ninguna mujer hará lo que nosotras
hacemos para vos, IRUNUU aceptó complacido aquellos regalos sorprendentes,
después de un titubeo en la cual creyó que aún estaba soñando. Pero todo pasó
cuando se midió los trajes que lo hacían el más imponente de los hombres.
Agradeció a sus hermanas los
regalos, pero no del todo convencido. Esta vez no tuvo para ellas palabras de
gratificación; porque la duda se le interpuso con todo su influjo de
interrogantes.
No podía comprender que sus
hermanas en tan poco tiempo pudiesen aprender un arte tan difícil y
desconocido. Además, ellas eran despreocupadas e indolentes por naturaleza.
IRUNUU sospechaba de sus hermanas
porque las conocía a fondo. Siendo ellas torpes, sin aptitudes para nada, mal
podrían presentarse de la noche a la mañana como excelentes tejedoras.
-¿Cómo pueden mis hermanas hacer
un tejido sin HUSO, sin telar, sin algodón, sin hilos y sin agujas? No ven en
este rancho instrumentos de tejer.
-¿Como pueden trabajar de noche
sin que el sueño las agote?
-¿Cómo pueden tejer sin lumbre,
sin claridad de luna? ¿Cómo pueden saber un arte sin norma, sin principio ni
destreza? No comprendo, mis hermanas; o son un prodigio, o unas impostoras que
pretenden engañarme. Esta tarde no iré a mi acostumbrada cacería. Simularé mi
partida, y me esconderé en el monte hasta que llegue la noche. Tengo que saber
cuál es el misterio que las anima, cual es el afán que las impulsa.
Así decía IRUNUU mientras se mecía
en un chinchorro con sus pensamientos.
Entre tanto cada una de las
mujeres cavilaba para dar con el secreto de los tejidos que supuestamente
habían elaborado.
Pensaron en lo más descabellado,
en lo más absurdo, en lo más inverosímil.
-Tengo un plan que no falla –dijo
una.
-Esta noche me acostaré con un
brazo tendido fuera del chinchorro, ataré de mi muñeca una piedra que sostendré
en la mano y tan pronto empiece a dormitar la piedra caerá y enseguida
despertaré.
-Buena idea –respondieron las
otras.
La otra dijo:
-Mi plan es el siguiente: Yo me
acostaré con el talón izquierdo puesto sobre el dedo gordo de mi pie derecho;
tan pronto sienta venir el sueño, mi pie izquierdo caerá, y yo sobresaltada
despertaré en el acto.
-Perfecta idea –respondieron sus
hermanas.
La tercera dijo:
-Yo estaré sentada todo el tiempo.
Ataré mis cabellos con un cordel desde una vara de la enramada; tan pronto
empiece a cabecear despertaré con el brusco jalonazo que me dé.
-Es perfecto el plan –respondieron
todas.
Aquel día tuvieron una visita
pasajera en la persona de UYAALIWA, el PIACHI más famoso de aquel tiempo.
UYAALIWA era un anciano que tenía
los ojos tan chiquitos que parecían dos pulguitas; por esta razón siempre
andaba cabizbajo. Y tal vez, avergonzado de su defecto no miraba de frente para
no mostrar sus ojitos de pulga; pero aun con todo eso, era bastante escrupuloso
y no permitía que nadie se burlara de él, ya que se creía de buena catadura.
UYAALIWA, llamado también OUTSHI,
que significa curandero, era un personaje de cuyo cuerpo emanaba un efluvio
penetrante y encantador perfume. Ese olor le provenía porque gustaba
alimentarse con las flores más fragantes, las hojas tiernas y la miel
silvestre.
Cuando el anciano llegó, conversó
con IRUNÚU de todo cuanto había visto y oído en su camino.
Conversaron sobre LAS COSAS QUE SE
DICEN, el ciclo de las lluvias, el curso de la luna, la trayectoria de las
constelaciones, el hambre, la cacería y todos los temas que pueda caber en la
vida de un anciano.
A medida que hablaba, el viejo
sacaba de su morral un puñado de flores perfumadas, se las echaba en la boca y
las comía con deleite.
Entonces IRUNUU, movido por la
curiosidad ante aquella rara costumbre que veía, le preguntó al anciano:
-¿Por qué coméis flores, abuelo?
-Es mi comida predilecta, hijo
mío. Acostumbro comerlas cuando hago largas jornadas para espantar el sueño y
la fatiga. Estas flores no dan sueño a quien las coma, y como ahora vengo de
lejos y voy hacía muy lejos, las llevo en mi morral como una provisión.
Esa fue la respuesta del anciano a
la indiscreta pregunta de IRUNUU, quien no volvió a insistir en el asunto. Pero
sus hermanas que estaban escuchando la conversación, pidieron un poco de flores
al anciano para probar sus efectos. Más él no se hizo rogar y a cada una le dio
un puñado de flores, que guardaron cuidadosamente para el plan que tenían
preparado.
Caída la tarde, el anciano se
despidió y continuó su marcha.
IRUNUU entonces, llamó a sus
hermanas y les dijo:
-Hermanas voy a retirarme lejos
esta noche. Los consejos de ese anciano que visteis son acertadísimos. Ha dicho
que la primavera va de paso y se aproxima el estío. Si es así, los animales se
han ido espantados presintiendo la sequía; ya los montes se niegan a darnos de
comer, por eso tengo que remontarme hasta donde esté lloviendo; para ver si
consigo lo necesario para comer. Entretanto continuad vosotras dedicadas al
tejido y a la recolección de los frutos. Es tiempo que saquéis provecho de
vuestro arte. Yo volveré dentro de dos días.
Y continuó diciendo:
-No olvidéis los cuidados que
merecen a WOKOLOONAT; cuidadla, que
cuando sea grande estará a nuestro lado cuidándonos también. Queredla, no
trateís con severidad. El corazón de los niños es frágil como la policromía de
las mariposas. Ellos merecen amor y ternura. Si eso les falta, sus corazones se
marchitan y sus ojos se llenan de lágrimas. Las lágrimas producen amargura, y
las amarguras dolor; el dolor engendra odio y remordimiento para quienes no
supieron cuidar su infancia.
Esto dijo IRUNUU a sus hermanas,
fingiendo ir más allá de los sitios que siempre frecuentaba.
Cuando IRUNUU se marchó, sus tres
hermanas se mofaron de sus palabras, remedaron su gesto y su voz, se
desternillaron de risas y. . . . . . .
-Lo que nuestro hermano espera de
esa cara de boñiga, es que sea señorita para hacerla su mujer. No es otra cosa
las caricias que le da y las ternezas que le prodiga. Ahora quiere se la
cuidemos. Sin duda; nuestro hermano está loco.
Mientras esto decían, las
insolentes mujeres ponían sus traseras en la cara de la niña, para hacerla oler
sus cuescos.
-Cuando seáis señorita, esto le daréis
a vuestro hermano, un cuesco en sus narices para que se asfixie, mientras vos
te vais de alboroto con otros machos.
Tales fueron las palabras
insultantes que le endilgaron a WOKOLOONAT antes que llegara la noche.
La luna chiquitica, sin brillo
todavía apareció en la tarde, y poco a poco tras una sonrisa se ocultó en la
noche. La noche no la hicieron enteramente callada como el silencio de las
tumbas.
Se crearon los insectos, las aves
y demás animales para que amenizaran con sus voces la quietud de las sombras.
WOKOLOONAT, también formaba parte
de esa maravilla nocturnal.
Aquella noche hicieron que la niña
boba se acostara temprano, la “cara de
boñiga” como le decían las perversas mujeres.
Ellas por su parte, colgaron
afuera los chinchorros y se acostaron bajo la enramada.
La mayor de ellas, dijo entonces:
-Es mejor desistir de nuestros
planes anteriores, y valernos de las flores que nos regaló el viejo UYAALIWA.
Esas flores tienen la virtud del insomnio, y con ello permaneceremos despiertas
toda la noche. Esta vez, el misterio de los tejidos no escapará a nuestra
vista.
-Así es. –Afirmaron las otras.
Seguidamente sacaron las flores
que habían guardado; pero aquellas flores eran tan olorosas, tan
ricamente perfumadas, que antes de comerlas
quisieron saciarse de su aroma oliéndolas un rato. Aquel perfume
embriagador les produjo una sed insaciablemente deliciosa. Se sintieron como
transportadas. La fragancia sutil que despedían, las envolvió en un extraño
éxtasis, en una dulce sensación de placer que no podían contener. Sintieron la
fruición de su ardiente naturaleza en todo el cuerpo; estaban como hechizadas
de voluptuosidad; se reían, se pellizcaban y se acariciaban ansiosas.
Sus deseos largamente dormidos en
la fría inhibición, despertaron de un sueño; y creyéndose cada una un hombre
frente a una mujer, comenzaron abrazarse, besarse y acariciarse impúdicamente.
Aquellas flores no eran realmente
odoríferas, sino hediondas adormideras cuya esencia afrodisiaca hacían cometer
los más feos actos de lujuria.
El zumo de aquellas flores, les
pareció más dulce que el almíbar. Y. . . .cuando las hubieron devorado les
sobrevino una especie de locura desenfrenada, que las ensañó contra si mismas.
Se retorcieron furiosas y se mordieron como serpientes venenosas. . . Y. . . Así
se fueron aletargando hasta que ya exhaustas y borrachas cayeron en un profundo
sueño.
La noche se hacía cada vez más
densa y más pesada.
IRUNUU había escuchado
desordenadas voces desde su escondite, había oído confusas algazaras, pero no
se imaginaba que pudieran ser sus hermanas en tremenda borrachera.
Al fin se llegó hasta ellas y las
encontró dormidas. Roncando, como si hubieran estado en libaciones. Nada
sospechó IRUNUU sobre el caso, creyó simplemente que dormían como de costumbre.
Luego se sentó en un tronco,
satisfecho de haber comprobado que sus hermanas no hacían más que dormir en vez
de tejer.
De pronto, un tenue resplandor se vio
en el rancho donde dormía WOKOLOONAT, algo así como una luz opacamente desleída
entre las sombras. IRUNUU se estremeció al momento y sintió miedo en su
corazón. Mas, para un cazador acostumbrado a los peligros aquello era muy poco.
Tomó su cuchillo y, lentamente en
puntilla de pies se acercó hasta el aposento de WOKOLOONAT. Tal calma
presagiaba una tormenta; solamente los grillos taladraban la noche con su larga
chilladera, el cielo borrascoso y sin estrellas hacían más tétrico el ambiente.
Al fin se acercó. . . Miró por una hendija, pero el interior del rancho estaba
como el plumaje de los zamuros negro como el tizne de los calderos. IRUNUU
sudaba frío, porque temía enfrentarse a un WANULUU. El más leve movimiento le
asaltaba, el martirio de la incertidumbre lo mantenía en suspenso.
Después de un rato breve, sintió
un suspiro como de alguien que despierta y se incorpora. Pensó que fuese
WOKOLOONAT. Pero. . . ¿A qué podía levantarse a esa hora?
Poco a poco del fondo de las
sombras fue emergiendo una figura blanquecina como la de un fantasma. Aquella
figura vaporosa fue iluminando el recinto hasta que todo quedó completamente
claro.
Cuál no sería la sorpresa de IRUNUU
al ver a WOKOLOONAT transformada en una doncella hermosísima, resplandeciente
como las auroras que preceden los amaneceres.
IRUNUU se palpó la frente como
queriendo despertar de un sueño. Se restregó los ojos como queriendo apartar
una visión, pero todo fue en vano. Estaba frente a la maravillosa realidad de
un prodigio.
La doncella miró a su alrededor
como siempre lo hacía antes de tejer.
Sus ojos brillaban como dos
luceros. Eran bellos, como dos paraparas encendidas sobre el fondo de una
blanca nube. Su cabellera undosa caía sobre la espalda como una cascada de
azabache. Sus labios purpurinos, su tez de leche y sus vestiduras blancas le
daban un aspecto imponente.
Por fin, después de lanzar su escrutadora
mirada, escupió en sus manos, y de aquella saliva hizo innumerables ovillos de
seda con las que tejió una hamaca (JAMA´A), un chaleco (SUPÜNA), una mochila
profusamente dibujada (SUSÜ), un pañolón
(EKIALAJAA), un amplio manto la (SHE´I), un pellón de caballería.
Así tejió la doncella con hábil
maestría los más hermosos encajes, los más finos bordados, los más preciosos
caireles, los más variados tejidos hasta entonces desconocidos por los WAYUU.
Ella sabía que IRUNUU la estaba
acechando; aunque él se creyese muy oculto a su mirada.
Luego sucedió lo inesperado: Una
dulce voz acarició su corazón.
-IRUNUU, amado mío. ¿Por qué
estáis escondido mirándome por la hendija, atisbando los secretos de mi
intimidad? Venid! Entrad. . . quiero mostraros el misterio que encierra mi
existencia.
IRUNUU, entró en el aposento.
Después de un silencio breve, La
Majayura dijo:
-Ya no soy, WOKOLOONAT sino
WALEKER, la hija de la noche y la soledad. Participo de mi doble naturaleza
para enseñar en vuestro orden el arte de mis predecesoras aquellas que tejieron
para los genios: ATIA, MAAWÜI, KANASPI, SESE.
Los WAYUU no saben tejer, y yo he
venido a enseñarlos. Creí que vuestras hermanas pudiesen aprender mi arte; pero
no han querido porque son soberbias, indolentes y perversas. Antes creí
encontrar en vuestro hogar la paz y la armonía; pero sólo encontré odio, maldad
y sufrimiento. Hubiera preferido huir sin heredar mi arte si no me hubiese
prendido de vuestra bondad.
Fuera la eterna niña, columpiando
en el ramaje de los arboles al amparo de mi madre, si el destino no me hubiese
puesto en el camino de vuestra suerte. Ambos nos compadecimos aquella vez; me
distéis vuestra bondad y vuestro cuidado, y yo os di mi gratitud. Fui la hija
que en los brazos del padre llegó al hogar de las hermanas torpes que tuvieron
miedo de mi fealdad.
A IRUNUU se le extravió la voz en
la garganta, y no supo responder. Ardía su corazón ante aquel reproche, sintió
remordimiento sin ser culpable.
Ahora se percataba de la conducta
de sus hermanas y sentía vergüenza de sí mismo. Pero ante aquella beldad nada
podía ser duradero. Seguidamente renació el amor, un amor distinto al que le
brindaba siendo WOKOLOONAT. Ahora sentía por aquella doncella un deseo de
posesión que lo turbaba. Quiso tocar a la muchacha y suplicarle que no cambiara
de forma, que no volviera a su estado de niña repugnante; que fuera eternamente
bella, eternamente joven. Pero ella lo esquivó y no quiso que la tocara.
-Aguardad, IRUNUU, que faltan
nuevas sorpresas todavía. Ahora quiero que os retiréis de mi presencia, porque
ya se acerca la madrugada y no quiero que vuestras hermanas nos sorprendan
conversando. Pero. . . antes quiero una
cosa: no reveléis a nadie el secreto de mi vida, ni mencionéis mi nombre, ni habléis
de las maravillas que habéis visto; si lo hacéis, me perderéis para siempre. En
cambio, si acatáis fielmente mis consejos tendréis la recompensa: Seré
tuya. –Así dijo la gentil doncella.
Y continuó:
-Cuidaos de aquel chinchorro
acogedor que hice para vos, usadlo solamente para dormir en la noche; pero no permanezcáis
en él durante mucho tiempo., porque os volveréis vivioso, corrompido y holgazán.
Tened en cuenta que el chinchorro es el mejor amigo de la ociosidad y el peor
enemigo del trabajo.
Os repito, cuidaos de la menor
indiscreción.
IRUNUU se fue pensativo y
maravillado. La imagen de la doncella lo atormentaba. Al día siguiente, las
malvadas mujeres se levantaron desvanecidas y aporreadas. No encontraron
asidero a sus torpes movimientos.
-¿Qué nos pasó anoche?, -Preguntaron.
-¿Por qué tenemos el aliento
fétido y aguardentoso?
-La culpa fue del vejete que nos
engañó con sus flores malolientes. Ahora nos hiede la boca a orines de
mapurite.
Cuando el sol comenzó a calentar
venía IRUNUU con varias piezas de cacería, y sus hermanas, llenas de efusión
salieron a recibirlo; pero no le hablaron de cerca por temor a la hedentina de
sus bocas.
IRUNUU recordaba la visión que
había tenido aquella noche. La tristeza lo embargaba porque estaba enamorado de
una beldad insospechada. Su semblante decaía y sus facciones se mostraban
ásperas.
Una de las hermanas al verlo tan
afligido se le acercó entonces:
-¿A qué esa palidez, hermano mío?
¿Estáis enfermos acaso?
-No, hermana. Tengo un veneno en
el corazón. Creo que WANULUU me hirió anoche con su flecha, y hoy me hace
padecer grandes dolores. Una extraña visión me ensombrece el alma.
-Llamaremos al OUTSHI para que
adivine vuestros males,
-Replicó la hermana.
Entonces IRUNUU con un gesto de
repugnancia, preguntó a la hermana:
-Por qué tenéis aliento
insoportable? Un hedor de mortecina y excremento despide vuestra boca cuando
habláis. Apartaos de mí, vuestro cuerpo hiede a sudor quemado. Habéis tomado
aguardiente.
A poco llegaron las otras, con los
presentes que supuestamente habían tejido aquella noche.
IRUNUU al verlas se le inyectaron
los ojos de indignación, y se tapó las narices para no percibir el olor de sus
hermanas.
-Impostoras! Todavía os parece
poco vuestras mentiras, haciéndome creer que estáis tocadas por un prodigio.
Anoche descubrí toda vuestra falsedad. Largaos! De aquí, estáis hediondas a
chinche.
Las mujeres corrieron a bañarse y
enjuagarse la boca; pero jamás se les quitó el hedor.
En aquellos momentos una comitiva
de varios hombres, llegaron a su rancho. Venían de muy lejos a dar la infausta
noticia de la muerte de un personaje famoso de aquellos tiempos.
-Amigo IRUNUU, -Dijeron los recién
llegados- venimos a invitaros para que nos acompañéis en nuestro duelo. Ayer
murió nuestro amado padre, y las exequias tendrán lugar durante dos noches
consecutivas. Vamos a rendir el último tributo a nuestro deudo, por eso hemos
venido a vos.
IRUNUU, no se hizo esperar; tan
pronto aceptó la invitación se caló sus mejores trajes.
Aquella vestimenta deslumbró a sus
amigos, quienes jamás habían visto tanta maravilla en el cuerpo de un
personaje. Sus amigos estaban embelesados ante aquel vestuario esplendoroso.
IRUNUU tomó su ruana, su manta, su faja, su cobija, su
chinchorro, su tolooma y sin decir nada
partió con sus amigos.
Se había olvidado de WOKOLOONAT,
ahora pensaba en la doncella WALEKER como si en aquel momento ambas fuesen de
distinta naturaleza.
Sus hermanas no pudieron curarse
del mal aliento y del sudor a chinche que transpiraban.
Y decían ellas:
-Es raro que nuestro hermano se
haya olvidado de su Cara de Boñiga; la obcecación lo tiene maltrecho y una rara
enfermedad lo agobia. No le perdonaremos el insulto que nos dio. Se cree tan
necesario que sin él, no podremos subsistir; pero se equivoca, lo venceremos.
En efecto, aquellas diabólicas
mujeres pensaron envenenar a su hermano y después huir.
En cuanto a WOKOLOONAT, pensaron
enterrarla viva para que los bachacos la devoraran. Pero esa noche tenían que
descubrir el enigma de los tejidos.
Maquinando planes, encontraron por
fin, la idea definitiva y contundente.
Una de las más astutas, dijo
entonces:
-Se me ocurre un plan que no
fallará. Esta noche contrataremos los servicios de la vieja TOOL. La que todo
lo ve, la que siempre vela. TOOL no sabe dormir
porque su oficio es desmontar algodón durante la noche.
Aquella tarde las mujeres fueron
donde la anciana, y le dijeron:
-Hemos venido para que nos
acompañéis esta noche. Nuestro hermano se halla ausente y tenemos miedo de
dormir solas.
Estas noches algo extraño ronda
nuestra casa y tenemos que sean los YOLUJAA. Llevad consigo vuestro Huso y todo
el algodón que podáis hilar; agradeceremos altamente vuestra compañía,
abuelita.
La vieja se fue con ellas.
Y cuando legaron, dijeron a ésta:
-Abuela, si esta noche cuando ya
estemos dormidas alguien llega a nuestro lado, despertadnos prontamente, que
grandes recompensas os daremos por tal servicio.
La vieja desde temprano se puso a
desmontar y hacer madejas de algodón. Cuando llegó la hora crepuscular,
improvisó un canto lastimero y monótono, contenta porque ya la noche se
acercaba.
A media noche, WOKOLOONAT,
convertida en señorita comenzó su acostumbrada tarea. Cuando ya estaba en pleno
trabajo, la bella sintió en su cuerpo un cosquilleo que la enfadaba, como si
alguien la estuviera observando.
Efectivamente, la vieja se acercó,
y cuando trató de mirar en el interior del rancho, sus ojos se abrieron
desmesuradamente de asombro, al ver aquella doncella bañada de luz y de
hermosura.
Rápidamente de varios sacudiones
despertó a las mujeres que dormían para que vieran aquel espectáculo
impresionante.
Las mujeres se levantaron
sobresaltadas y corrieron con la vieja hasta el aposento de WOKOLOONAT.
La vieja TOOL, trató de cerrar sus
ojos desorbitados, pero no pudo; trató de pestañar pero no tenía párpados ni
pestañas.
Desesperada huyó del lugar
gritando TO´U! TO´U! TO´U!
.!! MIS OJOS! MIS OJOS!
A medida que corría agitaba sus
brazos como queriendo volar en la oscuridad de la noche. Se llenó de plumas el
cuerpo, las uñas se le volvieron garras y su rostro quedó deformado. Desde
entonces la vieja quedó transformada en lechuza y condenada a rondar las
noches. El canto de la lechuza es el grito de la vieja lamentando sus ojos.
Poco a poco sus apariencias fueron
cambiando y adquiriendo horripilante forma. Sus voces estridentes se volvieron
chillidos imperceptibles, sus mantas fueron tomando formas de membranas que les
cubrieron el cuerpo, y en aquel instante quedaron transformadas en murciélagos
asquerosos que revoleteaban en la oscuridad.
De esta manera quedaron castigadas
las hermanas de IRUNÚU. Colgadas del techo, balanceándose de cabeza y
con su olor característico.
No había sido otra cosa el sueño
que habían tenido; habitarían en los sitios más lúgubres de JEPIRA, vivirán en
las cuevas más hediondas, se alimentarán de sangre como sus parientes los
vampiros y estarían condenadas a vivir colgadas de sus pies en medio de la
oscuridad.
Entre tanto, IRUNUU,
creía realmente que había llegado al velorio del amigo muerto; pero estaba en
la MANSION DE LOS ESPIRITUS (SUUMAIN YOLUJAA).
Aquellos personajes a quien el
creía sus amigos, no eran más que sirvientes de WANULUU, que habían adoptado la
forma humana para engañarlo.
Las muchachas hermosas lo
aclamaban, los hombres famosos lo admiraban como el más valiente cazador de
entonces.
Allí estaban presentes todas las
enfermedades y las pestes que ceñudas lo miraban.
IRUNÚU había perdido la noción de
las cosas, los espíritus le habían anulado el entendimiento y le habían
insuflado sus venenos.
Un hombre de distinguido porte, le
preguntó:
-¿Quién hizo vuestras vestiduras
de tan ricos ornamentos, muchacho?
-Una bellísima doncella, de nombre
WALEKER, que de noche las teje, -respondió IRUNUU.
Luego vino otro personaje y le
preguntó:
- IRUNUU, valiente cazador de las
noches. Habéis acabado con todos los animales que habitan mis extensas posesiones:
los bosques, los ríos, las montañas, las llanuras. Ahora deseo que a cambio de
todo eso me deis a vuestra prometida para hacerla mi mujer. Quiero tener esos
trajes maravillosos que sólo ella sabe hacer. Decidme; ¿Dónde la puedo
encontrar, para buscarla de inmediato?
-En mi casa, al cabo de tres
noches, -respondió IRUNUU.
-Está bien, muchacho, -respondió WANULUU.
-Dentro de tres noches iré por
ella.
La mañana se acercaba, y los
espíritus volvieron a sus tumbas. Cuando IRUNUU venía ya de vuelta de los
antros pesarosos recobró el sentido.
Apenas si recordaba sus palabras
de aquella tremenda pesadilla.
Al llegar a su rancho llamó a sus
hermanas; pero no estaban. Sólo vio murciélagos que revoloteaban sobre su
cabeza.
-Tengo hambre, dónde estarán mis
hermanas.
Cuando entró al rancho, vio tres
enormes murciélagos que colgaban del techo; pero jamás se imaginó que pudieran
ser sus hermanas.
Cansado de esperar se acostó y
durmió profundamente hasta la media noche.
WALEKER se puso a tejer a su lado
como todas las noches lo hacía.
Cuál no sería la sorpresa de IRUNUU
al despertar junto a su bella amada, que tejía incansablemente todas las cosas
que sabía.
IRUNÚU contempló el cuerpo bellamente
desnudo de la joven a través de sus claras vestiduras. Un deseo voluptuoso le
hizo estremecer el cuerpo.
-Conozco vuestra intención; no
brindo mi pureza al capricho de lo falso y de lo impuro. Jamás podréis
disfrutar de mi eterna juventud, como tampoco soportareis la eterna falsedad de
mi niñez.
El, respondió entonces:
-Hermosa. ¿Por qué habéis
envenenado mi corazón con vuestra falsa apariencia haciéndome ver encantos que
no puedo disfrutar?
-Callad!. No he demostrado mis
encantos para tentar vuestra virilidad. Vine a enseñar el arte de tejer a
quienes no lo saben. Quise sacrificar mis noches para enseñar a vuestras
hermanas; pero las malvadas sólo me hacían sufrir en vuestra ausencia.
Sus palabras y sus tratos me
endurecieron el alma.
Y continuó:
-Tejí para vos todos los
ornamentos de que os preciáis ahora; pero vos no cumplisteis vuestra palabra de
guardar el secreto de mi vida; os lo habéis revelado a los malos Espíritus que
habitan en JEPIRA. Os digo: vos estáis tocado por los Malos Espíritus y habéis
hecho un pacto con ellos para entregarme dentro de dos noches. Pero desde ahora
me perderéis para siempre, así como habéis perdido a vuestras hermanas. Que por
su maldad han sido convertidas en murciélagos.
-Aguardad, hermosa. Os suplico
perdonéis mis imprudencias, no lo hice en mi completo juicio., fue el veneno de
los demonios lo que hizo sucumbir mi promesa.
WALEKER lloró porque sentía afecto
hacia aquel joven que tanto amaba.
IRUNUU la acarició con sus ojos y
el fuego del amor le quemó. Más, ella le dijo:
- IRUNUU, tengo miedo de vuestras
intenciones, soltadme, ved que la mañana se aproxima y después el día nos
sorprende.
-No, yo quiero la promesa de
vuestro amor, aceptad mis requerimientos.. .
Pero WALEKER, de un brusco
movimiento se zafó de las manos de IRUNUU y de un salto corrió hacia afuera.
IRUNUU la persiguió.
La noche agonizaba tras la augusta
claridad del alba que preceden las mañanas.
-Hermosa, doncella mía: Venid!
Pero WALEKER iba tendida huyendo a
través de la lejanía como un blanco crespón de nubes caída sobre la llanura.
Lloraba desesperada. . . IRUNUU iba tras ella gritando: Amada mía. .
.!! Esperadme!!
Escuchad mis súplicas.
La fuga era desesperante, ella
tenía miedo de aquel hombre bondadoso que la había amado como jamás se ama.
Cada vez, las voces de IRUNUU se
hacían más débiles y más apagadas. Lloraba inconsolablemente. Sus lágrimas
enceguecieron sus ojos.
-Hija mía!!! Hija mía!!!
La muchacha, confusa, jadeante y
llena de temor se internó en el monte.
IRUNUU, tras ella casi desfallecía.
De pronto la vio que trepaba sobre un árbol. Y sin perder tiempo subió tras
ella.
La doncella hermosa como la flor
de las tunas, subía y subía desesperadamente.
IRUNUU, le gritó: -Cuidado, hija
mía! No subáis más, detened vuestro ascenso, las débiles ramas del follaje no
podrán sostener vuestro peso. . . Aguardad, os vais a caer. . .!!!
La doncella no hacía caso, subía
cada vez más, huyendo de su perseguidor.
El joven entonces, haciendo un
supremo esfuerzo, logró asirla por el manto, pero tan pronto agarró sus
vestiduras, la delgada rama en que posaba se quebró y la doncella cayó al suelo
tras un grito desgarrador que estremeció los montes.
Un jirón de telaraña quedó en las
manos de IRUNÚU.
La bella WALEKER se convirtió en
araña y se perdió en el monte, sin que IRUNUU jamás la volviese a ver.
La primavera lloró aquella mañana
su triste despedida.
IRUNUU había quedado solo. Aquella
pesadilla había dejado en su alma los escombros de un amor y las huellas
lacerantes del dolor.
Cuando retornó a su rancho, guardó
cuidadosamente todos los tejidos y los envió a una famosa KULAMI´A para que
ésta los imitara y lo enseñara a las mujeres de buen juicio.
Desde entonces los wayuu
conocieron el arte de tejer; maravilloso legado de WALEKER, que en nuestro idioma significa
araña.
IRUNUU, triste y desolado por su
suerte se retiró a los montes, y murió de tristeza en el mismo sitio donde
encontró a WOKOLOONAT por primera vez.
Dicen los ancianos, que al morir,
su corazón se convirtió en estrella y se estampó en el cielo. De donde siempre
cae anunciando malos presagios.
Por tal motivo, cuando un wayuu ve
una estrella fugaz, no puede señalarla, ni sorprenderse; porque es la
exhalación de IRUNUU, el joven cuya vida estuvo llena de sorpresas y fue un
desgraciado que nació, cuando una estrella se desprendió del cielo.
Versión suministrada por:
JOSEFINA GONZALEZ IPUANA.
Natural de Jarara. Guajira
Central.
Escribió: JUAN RAMON PAZ IIPUANA
GLOSARIO
ISASHII: lugar solitario y siniestro. Monte intrincado. Sitio extraviado donde se extravían los caminantes. Tierra baja, seca y cálida con abundante vegetación
GLOSARIO
ISASHII: lugar solitario y siniestro. Monte intrincado. Sitio extraviado donde se extravían los caminantes. Tierra baja, seca y cálida con abundante vegetación
WANÜLÜ’Ü: Espíritu maligno
WOKOLOONAT: Nombre típico en Wayuunaiki, lengua de los
wayuu
PULOÜI: Lugar inaccesible a las personas, sitio donde
las cosas desaparecen. Sitio donde se cree que habitan los malos espíritus. Hay
tres tipos de puloüi 1) el banco fragor del trueno cuando este se aleja más y
más. 2) Los que gritan en forma espeluznante para extraviar y enloquecer a los
caminantes. 3) Los aullidos del viento al zumbar en la cumbre de los cerros
para envolver el alma de las personas. Los puloüi también se identifican como
la morada de wanüluu.
KALAIRA: Tigre
IRUNUU: Estrella fugaz
JAPUKIITU’U: Muñequera brazalete de cuero para la cacería,
se adorna con pequeñas borlas multicolores y se amarra mediante cordoncillos
tejidos.
KANASPI: Planta silvestre de flores rojas y trenzadas a
manera de tejido. Es el símbolo del tejido.
IITA: Totuma. Todo tipo de envases hechos del fruto del
totumo y el táparo. También se le llama Aliita.
MAJAYUT, MAJAYULÜ: Doncella
ATIA: También se llama AÁNIA. Es una paleta de madera, aguda en los
extremos que sirve para empujar el hilo en el telar
KA’I: Sol
WA´AMAYA: Guacamaya o papagayo, ave de vistosos colores.
WANE’ETUUNAI: Duende, destripador de niños.
MANIIA: Pasta de tabaco para mascar
YOLUJAA: Espíritu de los muertos. Alma en pena.
WALEKER: Personaje mítico, diosa de los tejidos, inspirada en la araña.
AANALAA: Sábana
SHE’E: Traje típico del hombre wayuu
KANASÜ: Figuras y motivos geométricos de vistosos colores en los
tejidos.
SI’IRA: Fajas tejidas y decoradas, hermosas por sus colores
AICHEE: guayuco
WOLU: Pequeña bolsa que cuelga de la faja del hombre, se lleva en la
parte lateral del muslo para guardar menudencias.
Accesorio del cinturón terminado en una borla, puede ser de lana o de
hilaza, bicolor o unicolor.
MOLONO: Gorro tejido a manera de bonete que usan las piaches en sus
ceremonias. Es un símbolo de autoridad.
TOLOOMA: Especie de gorro multicolor seccionado en flecos de lana. Va
provisto de cascabeles. Se, se usa en las fiestas y carreras de caballos.
Antiguamente la usaban las personas importantes.
JEPIRA: En la mitología wayuu, es el lugar donde moran las almas de los
muertos.
UYAALIWA: Zorrillo
JAMA´A: Chinchorro paleteado
PIACHI / OUTSHI: Espiritista
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